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martes, 2 de octubre de 2007

Mataharis


Historias sencillas, emociones complejas

El cuarto largometraje de Icíar Bollaín contiene todas las señas de identidad plasmadas a lo largo de sus tres películas anteriores. La capacidad para contar historias aparentemente sencillas y cotidianas, llenas de verdad, pero que a la vez encierran complejos conflictos humanos y contradictorias emociones, son elementos que la directora y actriz ya supo manejar a la perfección en “Te doy mis ojos” y que aquí, en “Mataharis”, vuelve a demostrar.

Detrás de su desconcertante título, “Mataharis” cuenta la historia de tres mujeres detectives, cada una con sus particulares casos, sus vidas familiares, sus conflictos y preocupaciones. Estas detectives, a años luz del glamour y la sofisticación de los Ángeles de Charlie a fuerza de trasmitir veracidad y cercanía, deben compaginar, no sin grandes sacrificios y esfuerzos, sus vidas laborales y familiares. Carmen (una convincente Nuria González) investiga al socio de su cliente y encuentra lo que no buscaba, al tiempo que ve cómo la relación con su marido se sume en la más absoluta incomunicación. Inés (excelente María Vázquez) debe seguir los pasos a un par de sindicalistas que buscan hacer frente a los desmanes de sus patronos para descubrir que debe decidirse entre su profesión y sus convicciones éticas. Eva (extraordinaria interpretación de Najwa Nimri) lucha intentando cuidar a sus dos hijos pequeños, seguir con su trabajo diario y afrontar una crisis matrimonial que la enfrenta con la doble vida de su pareja (magnífico Tristán Ulloa).

Estas tres historias, pequeñas, cotidianas, sencillas y complejas al mismo tiempo, son narradas con veracidad, gracias no sólo a las excelentes interpretaciones (el trabajo de dirección de actores se aprecia especialmente), sino a un guión bien construido y mejor dialogado. Sólo un par de recursos un poco facilones, en cualquier caso menores, empañan el desarrollo de la historia.

La puesta en escena ágil y nerviosa, la realista fotografía de Kilo de la Rica, el trabajo de montaje de Ángel Hernández Zoido y la estupenda y sobria música de Lucio Godoy se conjugan a la perfección para construir esta película sincera, emocionante y honesta que se encuentra entre lo mejor del cine español de 2007.


miércoles, 24 de enero de 2007

Salvador

Este próximo domingo se celebra la entrega de los Premios Goya 2006. Estos días hemos recuperado en este blog las críticas de dos de las candidatas a la Mejor Película: "Alatriste" y "Volver". La de "El laberinto del fauno" ya estaba en este blog desde su comienzo y sólo nos faltaba "Salvador", así que ahí va:

¿Existen las películas necesarias? Necesarias no lo sé, pero sí las películas convenientes, las que es bueno que se hagan y Salvador, segundo largometraje de Manuel Huerga estrenado 10 años después de Antártida, es una de ellas. A lo largo de dos horas y cuarto que pasan en un suspiro, se nos narra la historia real de Salvador Puig Antich, el último condenado a muerte del régimen franquista asesinado mediante garrote vil. Salvador fue un joven catalán que militó en los últimos años del franquismo en el MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), grupo anarquista que se dedicaba a atracar bancos para ayudar al movimiento obrero y editar publicaciones clandestinas. Durante un tiroteo, un guardia civil resultó muerto y Puig Antich gravemente herido. Fue juzgado en consejo de guerra y condenado a muerte por un régimen con sed de venganza tras el atentado contra Carrero Blanco. La ejecución se realizó en una celda de la cárcel Modelo de Barcelona el 2 de marzo de 1974.

La película de Manuel Huerga, proyecto levantado por el productor Jaume Roures que recibió el apoyo de las hermanas de Salvador, está dividida en dos partes bien diferenciadas. En la primera, a través de continuos flashbacks, se expone la militancia de Puig Antich en el MIL, su creación, sus acciones y su relación con dos mujeres bien distintas. El pulso narrativo de Huerga es impecable, ágil, con nervio y estupendamente filmado. La ambientación, la reconstrucción de las acciones del MIL y las revueltas callejeras están resueltas con una veracidad y una solvencia fuera de toda duda. En la segunda mitad de la película, se muestra la lucha de sus hermanas y abogado por impedir la ejecución de la sentencia de muerte, las últimas horas del condenado y el asesinato en sí mismo. Es en este tramo del largometraje cuando el ritmo decelera y la intensidad emocional aumenta hasta límites difícilmente soportables, llegando a un final en el que resulta necesaria la exposición brutal y sin concesiones del asesinato de Salvador Puig Antich.

La película huye hábilmente de dos aspectos a los que fácilmente podría haber recurrido: el maniqueísmo ideológico, ensalzando la figura de Salvador y mostrándolo como un héroe o un mártir y el sentimentalismo superficial. Y es que en la parte final no se debe confundir intensidad emocional, rabia, desgarro y veracidad, con búsqueda de la lágrima fácil. Huerga resuelve todos estos aspectos a golpe de talento y honestidad.

Salvador presenta una factura técnica impecable: una fotografía cuidadísima, un montaje ejemplar y una selección de canciones portentosas (Bob Dylan, Leonard Cohen, King Crimson, Jethro Tull…) que conviven con la sentida y emocionante banda sonora de Lluís Llach, quien también aporta una hermosísima y nueva versión de I si canto trist.

El plantel de intérpretes está a un nivel altísimo, encabezado por un excelente Daniel Brühl, sobrio y contenido pero capaz de trasmitir a la perfección la insoportable angustia de un condenado a muerte. No se deben pasar por alto los extraordinarios trabajos de Leonardo Sbaraglia -en una de las mejores interpretaciones de su carrera- y de Tristán Ulloa, más que convincente en el papel de abogado de Salvador. En papeles más pequeños pero brillantemente defendidos están los siempre convincentes Joaquín Clement y Antonio Dechent, la naturalidad cautivadora de Leonor Watling, la frescura de Ingrid Rubio y las sentidas y emocionantes intérpretes de las cuatro hermanas del protagonista.

Película intensa, extraordinariamente planificada y realizada, emocionante y desgarrada, angustiosa y llena de rabia contenida, Salvador es un portento de narración cinematográfica que nos recuerda que el régimen de Franco, el régimen de los toros y el fútbol, el del sol y las playas, el de “Spain is different”, el de los curitas y las monjitas, el de las rumbas de Manolo Escobar y Peret (impagable la escena en la que se comunica a la familia del reo su condena a muerte mientras en la televisión se escucha “Canta y sé feliz”) fue también el régimen de la represión, del fascismo más repugnante, de la tortura y el asesinato impune. En definitiva, un régimen criminal que el buen cine nos recuerda de vez en cuando con peliculones como Salvador.